miércoles, 30 de septiembre de 2009

take me home

Al final me compré las Nike. No fueron las Dunk High que quería pedirme a la Nike Store, pero me gustaron. Entré por casualidad en el Foot Locker de la calle Colón y vi unas Vandal con la combinación de colores que buscaba. Así que tras ser mareado por la dependienta y probarme dos números, salí con mis zapatillas rollo 80s bien contento. Le he puesto unos cordones azules y quedan de patear culos, no sé si me explico.

Digo que entré por casualidad porque iba de camino a ver un piso. Ver pisos es un cometido cansino y extremadamente frustrante. En realidad, hasta buscar pisos por Internet me da palo, y odio hablar por teléfono con gente que no conozco para que me diga que lo sienten, pero que buscan chicas. El año pasado vi dos pisos y a los cinco minutos de estar en el primero supe que lo quería. Este año llevo dos y como si no hubiera visto nada. Estoy dispuesto a pagar, pero si pago cierta cantidad no quiero pasar frío en invierno, ni pensar que la cocina está siempre sucia. No quiero tener muebles que se caen. Ni tener que mover el armario cada vez que quiero abrirlo.

Parece que el mercado está mal. Me veo empezando a ir a clase y viviendo de la caridad de familia y amigos. Y no mola.

domingo, 27 de septiembre de 2009

london calling

La primera vez, era un turista cualquiera. Íbamos a restaurantes, dormíamos en un buen hotel. Hacíamos fotos de estatuas, de museos, de edificios y de autobuses rojos. Me quedé con ganas de vagabundear sin rumbo, de comer cualquier cosa y de perder el tiempo en tiendas, mercadillos y calles.

La segunda vez fui con ella. Dormimos en la misma cama, cada cena era una cita pero cada comida era un mal momento. Volví a ver los mismos sitios pero hicimos más fotos, algunas típicas y otras improvisadas. Fue un bonito viaje, compramos más y tuvimos menos obligaciones.

Pero las dos veces me quedé con ganas de muchas cosas. De pasar las horas viendo a la gente, recorriendo barrios normales y calles comerciales, de rebuscar en los mercadillos y comprar comida para llevar. De hacer fotos absurdas en rincones imprescindibles y en lugares que se repiten en cada ciudad de occidente.

Por eso vuelvo por tercera vez. Necesito vivir Londres unos días, necesito dedicarle atención a la ciudad y no sólo a sus monumentos. Fui en primavera, fui en verano y ahora iré en otoño. London Calling.

martes, 15 de septiembre de 2009

in our lifetime

La vida no es una mierda. Lo que es una mierda es trabajar sólo por dinero.

domingo, 6 de septiembre de 2009

jerk it out

Déjame en paz. Estoy harto de que te quejes por memeces y proclames a la mínima que la vida es una mierda. Sí, lo es, y el mundo está hecho mierda también, pero no porque te haya dejado María o Miguel diga que no quiere saber nada de ti después de divertirse contigo un rato en su coche. Que suspendas un examen de la carrera no va a arruinarte la vida, y además no le importa a nadie, así que difícilmente va a hacer que el mundo sea peor de lo que es. El mundo es un desastre y la vida es injusta, pero peor sería vivir en Disneylandia sin ser un niño.

Así que grita y quéjate todo lo que quieras, pero deja de dar la brasa a lo demás con lo de que tu vida no tiene sentido porque una zorrilla ha decidido borrarte de su agenda; a lo mejor hizo bien y pronto los demás seguimos su ejemplo. Dejaré que maldigas tu suerte y la crueldad del destino cuando tengas motivos para ello, pero hasta entonces alégrate de llevar la vida que tienes y de poder darte el lujo de derramar lágrimas por tus memeces. Quizás llegue el día en que debas llorar de verdad y no puedas porque te has pasado tus años llamando la atención con depresiones de quita y pon.

A mí no me pasará. La vida es una mierda. ¿Y qué? Peor sería no tenerla.

jueves, 3 de septiembre de 2009

i am not good at not getting what i want

Que el verano dure por siempre y llevar abrigo, disfrutar del calor de una cafetería una mañana de invierno y ver llover tumbado en la cama una tarde de otoño. Ir a cien ciudades y volar cien horas, pasar noches despierto hablando, bailando y cantando, aparecer por clase con la misma ropa de anoche, perderme y encontrarme con amigos por la calle. Salir de compras por el centro, parar a tomar algo y empalmar un plan tras otro hasta la madrugada sin pensar en qué haremos mañana. Comer, beber, follar, reír y llorar. Cantar a gritos en el coche, escribir mil cortos absurdos en la cabeza y construir futuros inmediatos en los márgenes de unos apuntes llenos de tachones. Soñar con dormir y dejar de dormir para vivir los sueños.

Quiero que todo eso no se quede sólo en un quiero.