miércoles, 16 de febrero de 2011

c is for cookie

Ayer fue el día de la #megagalleta en Twitter. Quienes me siguen allí habrán podido leer algunos mensajes al respecto. En este blog de ElPaís.com, El Comidista, comentaron que espontáneamente unos cuantos tuiteros cocineros habían decidido hacer distintas variantes de la Megagalleta de una conocida página de recetas estadounidense. La idea era innovar usando como base algo tan típico como una cookie enorme, una tarta cookie, realmente.

Me puse a leer y según veía las fotos de lo que hacía la gente la boca se me hacía agua, así que opté por hacer yo mismo una megagalleta. Ya que iba a ser la primera, preferí ceñirme a la receta estándar de 101 Cookbooks.


380 gr de harina integral (aunque yo usé normal)
1 cucharada y media de levadura Royal
1 cucharadita de bicarbonato
1 cucharada y algo más de sal
225 gr de mantequilla (y un poco más para engrasar el molde)
140 gr de azúcar moreno
200 gr de azúcar
2 huevos
Un poco de extracto de vainilla
225 gr de chocolate

¿Qué tipo de chocolate? Diría que mejor puro, pero no muy fuerte ni muy amargo, pero realmente es según gustos. Yo mezclé dos variedades de puro, uno más fuerte que el otro, y no ha quedado nada mal el contraste. Completé la cantidad necesaria con gotas de chocolate, las típicas que tienen las cookies de las pastelerías.

Lo primero es precalentar el horno a unos 170-180 ºC y engrasar el molde, un recipiente que pueda ponerse al horno, de entre 25 y 28 cm de diámetro y unos 5 de altura. Si vais a usar papel vegetal para impedir que se pegue, como hice yo, no es necesario engrasar el molde con mantequilla. También es el momento de cortar el chocolate en pequeños trozos

En un bol grande, se echa la harina, la levadura, el bicarbonato y la sal, y se mezcla. Después se corta la mantequilla en trozos pequeños, de alrededor de 1 cm de largo. En un bol más grande se pone el azúcar, y luego los trozos de mantequilla. Removed como podáis (no es cómodo) y verted uno de los huevos. Removed más y echad el otro. Espolvoread la vainilla (poco más de una cucharada y media) y seguid removiendo. No es fácil, porque la mantequilla normalmente seguirá en trozos más o menos grande. Usar las varillas es muy útil, y quien quiera puede probar a hacerlo con las eléctricas. Yo estuve unos minutos removiendo tanto con varillas como con la espátula y conseguí una masa espesa pero compacta, aunque conservaba algunos grumos de mantequilla, pero no es grave que se queden.

Una vez logrado lo anterior, se vierte el contenido del otro bol (la harina con lo demás) y se remueve. Enseguida se solidificará, hay que mover hasta que las dos mezclas estén ligadas pero no demasiado tiempo (la receta dice que unos 30 segundos, yo tardé algo más: lo lo importante es que la harina se una al resto).

Ahora se echa el chocolate en trozos encima, pero reservando una parte para el final. Mezclad bien todo, que los trozos de chocolate se distribuyan bien, pero no remováis más de la cuenta. Una vez logrado, id rellenando el molde con la pasta extraña que tendréis, y cuando lo hagáis, echad los trozos de chocolate que os quedaban por encima. Apretadlos un poco sobre la masa para que se incrusten, pero sin hundirlos. Sólo falta hornear el molde durante entre 35 y 45 minutos, lo necesario hasta que los bordes estén un poco dorados y el centro esté sólido.

El sabor es increíble. Muy contundente, eso sí, y con un trozo pequeño hay más que suficiente para una persona, pero está buenísima. ¡Ya tengo ganas de probar nuevas variantes!

jueves, 10 de febrero de 2011

tatuaje

Bendito sea Internet, bendito sea Google.

Hace un tiempo ya os comenté que me encantan las fotos, sobre todo las de besos y parejas, por pasteloso y cursi que pueda sonar. Así soy yo, qué le voy a hacer.

En mis periplos por Tumblr y sus redes cercanas encontré una fotografía que me encantó: la simple imagen de los brazos de una pareja, cruzándose, cada uno con un tatuaje diferente pero similar, las ruedas de colores (RGB -rojo, verde y azul- y CMYK -cian, magenta, amarillo y negro-). Lamentablemente, y como es habitual en ese mundo de microblogging, la imagen era demasiado pequeña.


Hoy me ha dado por probar en Google con tres palabras comunes, describiendo la foto. Y el sagrado buscador que dominará el mundo me ha acabado llevando a la web del maldito fotógrafo que disparó su cámara para capturar esa instantánea. Y además de saber el origen de la misma, he podido conseguirla a una resolución mayor (aunque no el par de millar de píxeles que me habría gustado).

Bendito sea Internet.

lunes, 7 de febrero de 2011

pork and beans

No sé qué tiene la comida de mierda, la comida basura, las guarradas, que en general es tan adictivo. Bueno, sí, lo sé: tiene mierda que le da un sabor distinto y adictivo, eso es.


Como todos, tuve una época en la que me encantaba comer esa mierda. Ahora no me importa, pero me canso enseguida y hasta me da pereza ir a un McDonald's. Incluso el fantabuloso McFlurry (y aquí tenéis una receta -no probada- para hacer en casa), esa joya de la gastronomía globalizada, me llena y me embafa rápidamente.

Eso sí, prefiero ir a McDonald's que a Burger King, donde las patatas saben a plástico el día que tienes suerte, y a pescado el que no. Foster's Hollywood es como un nivel más, pero es guarro y cerdo igualmente, quizás por eso me encanta.

Siempre he querido ir a un Taco Bell, de todos modos. Hace años que tengo ganas de comida mexicana y ningún maldito restaurante de los que pruebo, franquicia o no, me satisface.